
VIVIENDA AyR
Habitar la luz: una casa donde la geometría protege la intimidad y amplifica la vida exterior.
SITUACION
FECHA
PROPIEDAD
Huércal de Alnería, (Almería)
2025
Promotor Privado
PROGRAMA
Vivienda unifamiliar y piscina
SUPERFICIE
PRESUPUESTO
152 m2
280.000 €
La vivienda se presenta como una composición precisa de volúmenes blancos que flotan y se desplazan, generando sombras profundas y una imagen arquitectónica serena pero contundente. La geometría, aparentemente rotunda, se matiza con la textura cálida de la piedra natural en planta baja y la madera en los planos más íntimos, estableciendo un diálogo equilibrado entre abstracción contemporánea y materialidad atemporal. La casa no busca imponerse, sino construir una presencia elegante y silenciosa dentro del tejido residencial.
La organización espacial se articula en torno a un claro eje interior–exterior, donde las estancias principales se abren de forma generosa hacia el jardín y la piscina. Grandes planos acristalados diluyen los límites físicos, permitiendo que la luz natural penetre profundamente y que la vida cotidiana se extienda hacia el exterior con absoluta naturalidad. Los voladizos superiores actúan como filtros solares, aportando confort climático y reforzando la lectura horizontal del conjunto.
Desde un punto de vista constructivo, la vivienda expresa con honestidad su lógica estructural: basamento pétreo, volúmenes superiores más ligeros y cubiertas voladas que protegen y ordenan. Cada elemento cumple una función clara, evitando gestos superfluos y apostando por una arquitectura esencial, eficiente y duradera. La relación entre llenos y vacíos, opacidades y transparencias, está cuidadosamente medida para garantizar privacidad sin renunciar a la apertura.
Más allá de su forma, la casa está pensada como un escenario para la vida familiar: un lugar donde el interior se siente resguardado y el exterior se convierte en una prolongación natural del habitar. Los patios, las terrazas y las visuales cruzadas construyen una experiencia doméstica pausada, luminosa y profundamente humana, donde la arquitectura acompaña, sin imponerse, los ritmos cotidianos de quienes la habitan.

















